La historia de esta legendaria marca arranca en el s.XIX, con la apertura de una confitería en Irún, donde se servía un magnífico chocolate a la taza. Tanto es así, que la familia real estaba entre su asidua clientela.
A comienzos del siglo XX, Francisco Elgorriaga abrió una fábrica en Mendibil (Guipúzcoa), para elaborar un chocolate de calidad, con el cacao procedente de la finca que la familia tenía en Guinea. Equipó la factoría con la más moderna tecnología, incluyendo, cómo no, las bombas de EMICA.








